Francisco Beltrán campeón en la supercopa de judo veteranos de Castilla la Mancha
Este sábado 11 de abril vivimos en Tomelloso la Supercopa de España de Judo Veteranos de Castilla-La Mancha, y para mí fue un día muy especial.
Lo más importante no fue solo competir, sino ver a Javi, mi hermano de tatami, volver después de una intervención seria de quirófano en diciembre. Él quería estar allí, quería volver a sentirse normal, volver a ser él. Y yo le apoyé porque sabía que dar ese paso era también una forma de decirle a su cabeza y a su corazón que ya estaba de vuelta, que podía seguir adelante y recuperar su vida de siempre.
Fue un día de esos que te llenan por dentro, rodeado de amigos, abrazos, buena energía y mucho judo del de verdad. Además, tuve la alegría de presentarle a Javi a dos personas muy importantes para mí dentro de este camino: Alfonso García, que fue ídolo de mi juventud y olímpico en Los Ángeles 84, y Javi Moreno, compañero de entrenamientos en el CEAR de Valencia. Los dos, además de grandes judokas, son un ejemplo de humildad y de esa grandeza que no necesita demostrar nada.
Y también estuvimos con Pedro Carpintero, que es un ejemplo enorme de respeto y perseverancia en el judo. A sus 76 años sigue en activo, y más allá de eso, su generosidad y su saber estar son insuperables. Para mí es un privilegio poder contarme entre sus amigos más cercanos.
Yo se lo decía a Javi: más allá del resultado, que claro que nos gusta ganar, lo que de verdad emociona es poder estar ahí, pisando el tatami. Escuchar tu nombre por megafonía y salir a competir te conecta con algo muy profundo, con el que eras de joven, con ese yo interior que sigue intacto aunque el cuerpo ya no sea el mismo.
Y el destino quiso que en mi segundo combate nos encontráramos Javi y yo frente a frente. Fue uno de los combates más bonitos que he tenido en estos últimos años. Él se adelantó con un yuko, y ahí supe que iba a tocar trabajar de verdad, porque nos conocemos mucho. Al final pude remontar con un wazari y cerrar después en suelo con inmovilización para ippon.
El primer combate fue contra Manuel, de Villarreal, con quien nunca había competido. Eso siempre te hace salir con más respeto y precaución, pero pude resolverlo con una acción de pie y marcar ippon.
Aun así, por encima de todo, me quedo con otra cosa: con la emoción de seguir ahí, con la suerte de compartir tatami con amigos, con volver a sentirme vivo compitiendo y con la alegría de comprobar que, aunque pasen los años, lo que llevamos dentro sigue siendo el mismo amor por el judo.




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